El proyecto se enfoca en la conservación de 596.93 hectáreas ubicadas en San Antonio de Cruz, San Dimas, Durango, México. Su objetivo principal es proteger la biodiversidad mediante acciones como reforestación, monitoreo de flora y fauna, y obras de conservación de suelo. Además, aborda problemáticas críticas como deforestación, incendios forestales y pérdida de hábitat, generando créditos de biodiversidad anuales para financiar estas iniciativas. El proyecto tiene una duración de 40 años y busca equilibrar la protección ambiental con el desarrollo sostenible de la comunidad local.
La iniciativa involucra activamente a la población local mediante capacitaciones en manejo forestal y conservación, promoviendo la captación de agua y reduciendo la erosión del suelo. Distribuye el 60% de los ingresos generados por los créditos a la comunidad, fortaleciendo su economía y calidad de vida. Entre las especies emblemáticas protegidas destaca la guacamaya verde, símbolo del compromiso con la preservación de ecosistemas únicos. Las actividades realizadas incluyen apertura de brechas cortafuego y rehabilitación de áreas afectadas por plagas o incendios.
La tala descontrolada y conversión de áreas forestales en tierras agrícolas o urbanas está alterando drásticamente los paisajes mexicanos. Esta transformación no solo reduce hábitats críticos para especies endémicas, sino que debilita la capacidad natural del territorio para regular el clima y proteger los suelos.
El tráfico ilegal de especies y la cacería indiscriminada mantienen bajo asedio a emblemáticos animales como el jaguar y la vaquita marina. Esta presión antropogénica acelera la pérdida de biodiversidad, desequilibrando cadenas tróficas completas y erosionando el patrimonio natural del país.
Ríos contaminados por desechos industriales, acuíferos sobreexplotados y cuerpos de agua eutrofizados reflejan la crisis de gestión hídrica. En regiones como el Valle de México, esta degradación compromete el acceso al agua potable mientras agrava conflictos socioambientales.
El calentamiento global intensifica sequías en el norte, incrementa la frecuencia de huracanes en costas tropicales y altera patrones agrícolas milenarios. Estos fenómenos exponen la vulnerabilidad de comunidades rurales y ecosistemas frágiles ante la nueva normalidad climática.
Las iniciativas estratégicas para proteger ecosistemas vulnerables combinan intervenciones técnicas, participación comunitaria y ciencia aplicada. Este enfoque integral busca mitigar amenazas como incendios forestales, pérdida de biodiversidad y degradación de suelos, garantizando la sostenibilidad a largo plazo de los recursos naturales.
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